El alférez del estandarte real

El alférez del estandarte real abarca el periodo de la historia de Navarra comprendido entre 1293 y 1300. El final del siglo XIII en el viejo Reyno se caracteriza por el asentamiento de los soberanos franceses en el trono de Navarra. Las directrices llegan desde París y son los gobernadores elegidos por Felipe I quienes se encargan de cumplir la política que más beneficia a Francia.

Desde siempre, el mando de los ejércitos ha estado bajo las órdenes del alférez del estandarte real. Él era el encargado de dirigir a los hombres en ausencia del rey. En 1293 era Fortún Almoravid quien ostentaba este cargo, un banido al que muchos conoceréis si habéis leído Bajo las cenizas de la Navarrería.

Esta novela no es una historia más sobre la forja de un caballero. Esta novela cuenta cómo se forma a un futuro alférez del estandarte real. Y ese futuro alférez es Martín Ximénez de Aibar, el nieto de Fortún.

En esta novela no vas a encontrar héroes, solo hombres y mujeres corrientes que luchan por sobrevivir y ser leales a lo que representan, por encima de las imposiciones. Fortún va a tener que defender los derechos de los infantes de la Cerda al trono de Castilla por imposición Felipe, pariente de los pretendientes. Pero Fortún conoce la historia de Navarra y sabe que Navarra está por encima de los deseos de su rey.

SINOPSIS

El alférez del estandarte real. Editorial Txertoa

Con apenas siete años, Martín Ximénez de Aibar es apartado de su madre y conducido con su abuelo Fortún Almoravid, alférez del estandarte real de Navarra y responsable de defender la frontera con Castilla, reino sumido en un continuo conflicto por la sucesión desde la muerte de Alfonso X el Sabio, en 1284. El objetivo es hacer de Martín un hombre de armas, un caballero. Pero no es más que un niño asustado y pocos apuestan un ganchete por que vaya a conseguirlo. Y esto incluye al propio Fortún, que a punto está de devolverlo a Aibar, como hubiese devuelto una partida de vino picado o una espada de forja defectuosa. Solo como última oportunidad decide llevarlo consigo en sus incursiones militares por Castilla. Primero al cerco de Mayorga y, más tarde, a la toma de Nájera. Sin embargo, Martín demostrará definitivamente su valía en la propia Navarra, donde las cenizas de la Guerra de la Navarrería, la que enfrentó a los burgo de Pamplona, siguen intactas.

Son muchos los lugares que recorren las páginas de este libro que puedes visitar reviviendo las pericias del protagonista, Martín Ximénez de Aibar.

Sorlada es un municipio de la Comunidad Foral de Navarra, situado en la Merindad de Estella. Se trata de un pueblo pequeño, de poco más de cincuenta habitantes, muy tranquilo y acogedor. A finales del siglo XIII perteneció al ricohombre y alférez del estandarte real, Fortún Almoravid. Este lo tuvo que vender, junto a Veguilla, al haberse endeudado para poder pagar a sus hombres de armas en la campaña que emprendió contra Castilla por órdenes del rey Felipe I de Navarra.

Sorlada es el lugar adonde viaja Martín para iniciar su carrera en el mundo de las armas bajo la tutela de su abuelo Fortún.

Lo que más llama la atención del lugar es su característica tierra roja, de la que parecen contagiadas muchas de las casas de la localidad. En lo alto se yergue la basílica de San Gregorio Ostiense, de estilo barroco, construida sobre otra anterior del siglo XIII. Una de las reliquias más importantes que guarda es la cabeza del santo, forrada en plata, a similitud de la que se conserva en Obanos con la cabeza de san Guillén.

Sorlada. Casas caractéristicas con su piedra rojiza. bpro
En la parte superior asoma la torre de la basílica de San Gregorio Ostiense. bpro

Aberin es otro de los emplazamientos referidos en el libro, donde Martín Ximénez de Aibar va a pasar muchas temporadas. Situado también en la merendad de Estella, forma una unidad geográfica junto con Muniáin de la Sola, Arínzano y el caserío de Echávarri. Hasta principios del siglo XIV existió una encomienda del Temple bastante importante, aunque de escasa trascendencia militar. Hoy en día el edificio, aunque con bastantes desperfectos, sigue en pie.

Aberin, encomienda del Temple. bpro

Aberin. Terrenos aledaños a la encomienda. bpro
Aberin. Entrada a la iglesia. bpro

Aberin. Alguna de las partes del edificio se han venido abajo. bpro

Detalle de uno de los muros, con su torre defensiva redonda. bpro

Fuera de Navarra, uno de los puntos más importantes referidos en la novela es Nájera. Con el rey García III se convirtió en el núcleo del reino de Pamplona, donde se asentó la corte. Fue desde entonces un lugar importante dentro del Camino de Santiago. Navarra perdió este lugar en 1076, tras el regicidio del rey Sancho IV en Peñalén. Momento en el que pasó a estar bajo influencia de Castilla, que arrebató todos estos terrenos a La Corona de Pamplona en cuanto el rey falleció. En 1397, Fortún Almoravid logró tomarla de nuevo y hacerse fuerte en Malpica (lo dejo ahí porque no quiero hacer spoiler del libro).

Es un lugar muy agradable, con mucho movimiento debido a los numerosos peregrinos que pasan por sus calles. Un lugar también lleno de historia cuyas huellas se pueden recorrer con tranquilidad.

Nájera. Lugar donde se encontraba el alcázar. bpro
Lugar que ocupaba el castillo de Nájera. bpro

Malpica. Los restos de Malpica apenas se insinúan en lo alto. bpro

Restos del castillo. bpro
Vista de Nájera desde el Castillo. bpro
Vista de Nájera desde el alcázar. bpro

Vista de Santa María desde el alcázar. bpro
Entrada a Santa María. A la derecha, detalle del escudo de los reyes de Navarra. bpro